Antes me engañaba a mí misma diciendo en alto que lo mío era algo que tenía solución, ya que ESTABA gorda, que es un verbo que puede indicar temporalidad como contraposición a SER gorda, que parece algo más definitivo.
Hoy me he dado cuenta de que SOY gorda; sí, y es así porque lo he sido desde que nací con 4,500 kg. de peso; ese fue el único momento en que no fui la culpable de mi propia obesidad.
Recuerdo haber sabido que yo era gorda cuando comencé a ir al colegio por primera vez con 4 años al ver que los niños y niñas me apartaban o no me incluían en sus grupos por ese motivo. Ahí fue cuando comencé a crear los rasgos de mi personalidad, que luego me han acompañado toda mi vida y me han creado problemas adicionales al de la obesidad.
Al sentirme rechazada comencé a ser introvertida, tímida, callada, huraña, solitaria... Es posible que los únicos años de mi vida en que la obesidad no ha dominado por absoluto mi vida, fueran aquellos años anteriores a comenzar a ir al colegio, en que todo mi mundo era mi madre.
Fue al comenzar la socialización cuando comenzaron todos los problemas. Recuerdo que ya desde los 4 años, a diferencia de mis compañeros de clase que siempre estaban deseando que llegara la hora del recreo para poder jugar y divertirse, yo ya temía esos momentos en los que me sentía incómoda, apartada, fuera de lugar y triste.
Salíamos al patio de recreo y la gente se reunía en pequeños grupitos para jugar, cada vez que yo me acercaba a alguno me echaban de allí, estando yo siempre sola y a unos metros de todo el mundo, observando y esperando a que aquello terminase de una vez.
Cuando empezamos a tener clases de gimnasia comenzó otro de mis calvarios, ya que no solamente se me daba peor que otras cosas al tener unos kilos de más, sino que además tenía que soportar siempre las humillaciones a las que me sometían mis compañeros cuando al profesor de turno se le ocurría practicar algún deporte por equipos y dejaba en manos de los propios niños el elegir a sus compañeros de equipo: yo siempre era la última elegida y por obligación.
Hasta que llegaba el momento en que era elegida por descarte, sufría una enorme vergüenza al verme observada por todos aquellos que ya habían pasado al "otro lado" y veían que entre los pocos que quedábamos aún sin elegir, me encontraba yo no sabiendo para dónde mirar.
Ocurría además lo que posteriormente he vivido en la sociedad en general: daba igual qué otras cualidades o aptitudes pudiera tener: yo era y soy para los demás únicamente UNA GORDA. Nada más.
Nunca nadie ha valorado ningún otro aspecto de mí.
Mi familia no sabía nada de lo que me ocurría en la escuela, únicamente pensaban que mi carácter era así y nunca me han tenido excesivo aprecio por ello; es normal, todo el mundo prefiere a las personas simpáticas, risueñas y cariñosas.
El resto de mi etapa de formación fue únicamente más de lo mismo, nunca era tomada en cuenta y siempre estaba marginada o desechada por mi obesidad, llegando en algunas épocas como la adolescencia, a ser muchísimo más duro para mí, ya que me veía sola en las horas de recreo, sin amigos y completamente al margen de todos cuando era la época en que la gente comenzaba a hacer grupitos de amistad con los que comenzarían a salir los fines de semana, etc.
Aquello me causaba tanto daño que me pasé más de 1 año entero llorando todas las noches en mi cama, evidentemente sin que nadie en mi familia lo supiera. Recuerdo además haber descubierto en aquella época a mi madre llorando y hablando con mi padre sobre mí por las noches, ya que sufría porque yo no tenía amigos, y lo achacaba a mi personalidad, comentando además lo que yo le estaba haciendo sufrir por ello. Nunca dije nada de que sabía de aquellas charlas.
Todo ello me ha hecho ser una persona completamente asocial: no sólo en el sentido de que no me gusta estar con gente ni me siento cómoda con ella, sino en que NO SÉ COMPORTARME con la gente.
No sé entablar relaciones, ni mucho menos hacer amigos, creo que con mi manera de hablar y mi tono resulto siempre dura y cortante, seria y desagradable, pero no sé ser de otra manera, no lo hago queriendo; creo estar llevando una conversación normal pero la gente me rehúye, nadie quiere saber más de mí, no sé de qué hablar con nadie, me siento fuera de lugar, me miran raro...
A los 19 años conocí a un chico con el que comencé a salir y aún sigo con él, que en un principio al ser la primera persona que mostró algo de interés en mí, me generó tal ilusión que me hizo esforzarme y conseguí adelgazar 30 kilos, quedándome en mi peso ideal. Recuerdo que entonces mi familia y mi novio me toleraban, pero ni entonces llegaron a aceptarme ni amarme.
Hoy me he dado cuenta de que las ingentes cantidades de comida que como se deben a que no tengo ningún tipo de amor: mi familia no tiene interés en mí, tenemos una relación breve y de compromiso y en más de una ocasión mis padres han dejado ver que yo seré la hija a la que no tengan en cuenta en su herencia y que soy la única hija a la que no quieren.
Como vivimos en diferentes ciudades, mis padres, mis hermanas y yo solemos juntarnos un día a la semana en casa de mis abuelos para comer y estar un rato con ellos. Mis hermanas siguen viviendo en la casa paterna y cuando llegan a casa de mis abuelos, mis padres les besan y abrazan; a mí que no me ven en toda la semana y a veces más espaciadamente, únicamente me saludan al verme con un "hola"...
Mi novio es una persona fría y dura, pero ahora y conmigo aún lo es más; no en vano, hoy en día me he convertido en una obesa mórbida de 140 kilos, y ¿qué hombre joven tendría algún interés en semejante mujer? Por nuestro tipo de relación, podría decirse que únicamente somos compañeros de piso: no hay ninguna demostración de cariño o afecto, ni de palabra ni de hecho (besos, caricias, abrazos...) y tampoco hay ningún tipo de interés sexual.
Tengo 33 años y esta es mi "vida", aunque yo creo que hace años que no vivo, sino que sobrevivo. He intentado e intento hacer dieta, pero no lo consigo, siempre estoy deseando tener un momento a solas para darme atracones de comida basura; cuanto más porquerías como mayor consuelo momentáneo siento, aunque la comida se acaba rápidamente y la sensación de consuelo mucho antes, y vuelvo a sentirme sola, triste y desgraciada.
Necesito sentirme mejor y vuelvo a buscar comida rica que me dé esa satisfacción inmediata que tanto ansío y necesito. No tengo amor, el hueco lo lleno con comida, engordando así hasta límites insospechados y alejándome irónicamente cada vez más de la posibilidad de amor alguno.
sábado, 26 de junio de 2010
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